Galo Ghigliotto: “Mi disfraz de editor me permite conocer la parte íntima del texto”

Por Marcela Küpfer C., periodista y editora de Narrativa Punto Aparte

Foto0550Tal como el protagonista de su cuento “La vida incompleta”, Galo Ghigliotto (Valdivia, 1977) llena los intersticios de su vida con libros: los lee, los relee, los edita, los publica, los vende, los estudia. Y los escribe. Cuatro años habían pasado desde la publicación de “Aeropuerto” (Cuneta, 2009), cuatro años en que Ghigliotto se dedicó a insuflar aliento a la feria de editoriales independiente La Furia del Libro, a armar el catálogo de Cuneta, a estudiar y a sumergirse privadamente en la narrativa, para publicar, en marzo de este año, su primer libro de narraciones crónicas, “A cada rato el fin del mundo” (Emergencia Narrativa, 2013).

A propósito de los vínculos de Ghigliotto con los libros y la literatura, hacía falta una conversación reposada con el escritor y editor santiaguino, que abarcara su “doble militancia” de escritor/editor (“mi disfraz de editor me permite conocer esa parte ‘íntima’ del texto”), su relación con la poesía (“si alguien lee mis tres publicaciones de poesía verá que, en cierto modo, también ahí hay narración”) y la propuesta estética, literaria y personal que esboza en “A cada rato el fin del mundo” (“me gustan mucho los textos que tienen una voz testimonial, mientras sigue existiendo la conciencia de una ficción”).

-¿Qué significa aquello de “escritor disfrazado de editor” que te identifica en tu cuenta de Twitter? 

-Es una confidencia. Lo cierto es que una de las grandes razones que me llevaron a hacerme editor (y no cualquier editor, sino uno independiente, que elige los textos que publica), fue entrar en contacto con autores que admiro para aprender de ellos. Conocer las obsesiones, mañas, técnicas, fijaciones de los autores, tener la oportunidad de conversar con Alejandra Costamagna y verla trabajar un libro, la pulcritud que despliega en su trabajo, o hablar con César Aira sobre sus ideas sobre el método literario (aunque él diga que no tiene uno, sí que lo tiene) y detalles tan ínfimos como la diagramación de un texto, o escuchar a José Angel Cuevas hablar sobre el sentido de un verso, de una imagen: todo eso es una escuela fenomenal. La visión de un texto antes de ser publicado es muy diferente a lo que uno ve después; mi disfraz de editor me permite conocer esa parte “íntima” del texto, el doblez anterior a la publicación, en el proceso mismo de creación. Y así aprendo, claro, para verterlo en la propia escritura.

-Pienso que hacer el paso de editor a escritor debe ser difícil, o tal vez algo incómodo. Se juntan todas las mañas del editor y todas las mañas del escritor, que no son pocas. ¿Cómo fue tu experiencia al respecto?

-Son muchas mañas, sí. Por eso compadezco a mi querido editor, que se ha tenido que bancar varias de esas mañas. Como editor, trabajar con autores que han sido o son editores puede llegar a ser complicado, ya que tienen una expectativa del libro terminado que va más allá de algunas palabras o puntos o comas o anotaciones. Para mí ese paso, más que difícil, es incómodo, es cierto. En mi caso, la escritura siempre fue antes que la edición. Pero como el trabajo de editor es más visible, siempre existe la tendencia a pensar en un editor-escritor como alguien que se está aventurando a publicar un libro. Es una visión muy provinciana, es cierto. Creo que se debe al hecho de que la mayor parte del fondo editorial presente en Chile viene de editoriales extranjeras, lo que quiere decir que hay pocos editores aquí. Y de esos editores, pocos son escritores. En otros países abundan los Cesare Pavese, los André Gidé, las Virginia Woolf, los Fogwill. Aquí no.

-Después del lanzamiento de tu libro, conversaba con Yuri Pérez, quien me comentaba que, a lo largo de tus cuentos, hay ciertos claros atisbos de una teoría literaria, visiones sobre la lectura, la escritura, el relato y los planos del relato, algunos enunciados y otros que se cuelan entre los pasajes de las historias. ¿Te planteaste la posibilidad o la necesidad de esbozar en tu libro tus visiones sobre la literatura?

-Bueno, creo que cada texto publicado entrega una visión propia de la literatura. Pero, a la vez, la literatura es algo demasiado enorme, y no sé si uno pueda elegir sólo una de esas visiones. Para el caso particular de este libro, quise sintonizar con una frecuencia que creo percibir en la literatura de los últimos años y que comienza a tomar más fuerza en este siglo: el pastiche, el collage, la mezcla de varios elementos/registros al interior de un solo texto. Me gustan mucho los textos que tienen una voz testimonial, mientras sigue existiendo la conciencia de una ficción (como maravillosamente plasma Sylvia Molloy en su libro Desarticulaciones: “Acaso esté inventando esto que escribo. Nadie, después de todo, me podrá contradecir”), mejor si en ellos aparece con fuerza una sucesión de imágenes poéticas, más todavía si el autor nos deja mirar el tono de su pensamiento en un registro más ensayístico, etcétera. Después de reflexionar mucho sobre este tema, sobre cómo debe ser una escritura, me largué a escribir esta serie de textos, que después hice circular entre amigos. Una amiga editora francesa leyó algunos y le chocó tremendamente que no respondieran a la estructura formal de un cuento, es decir, personajes-conflicto-giro-desarrollo-clímax-desenlace: eso me hizo pensar que estaba bien, que si había alguien que estaba en contra de lo escrito es porque valía la pena. No sé muy bien explicar por qué. Hay un texto de Roberto Bolaño que es en realidad un discurso, o un discurso que en realidad es un cuento, su Discurso de Caracas, cuando recibió el Rómulo Gallegos. No está planteado como un cuento, por supuesto, pero contiene una serie de elementos literarios mezclados que me interesan. Además, ese texto posee vida. Finalmente eso es, para mí, lo importante en un texto: literatura es vida, siempre, necesariamente, y eso debe estar presente en lo escrito.

LA REALIDAD DEFORMADA

portada A CADA RATO SE ACABA EL MUNDO-He tenido la oportunidad de leer otros relatos tuyos, que entiendo serán parte de un próximo libro, y existen diferencias fundamentales entre ese conjunto y el que publicas en “A cada rato el fin del mundo”. Aquellas son narraciones sino surrealistas, al menos alejadas de la realidad concreta e inmediata, donde la persona-autor desaparece del relato. Los relatos de “A cada rato…” se desarrollan en el escenario de lo cotidiano y con una fuerte presencia del yo-autor. ¿En qué plano literario te mueves con más comodidad? ¿Cómo desarrollas, escrituralmente hablando, este movimiento pendular entre ambos planos? ¿O de alguna manera piensas que son manifestaciones de un mismo discurso estético?

-Creo que son cosas diferentes, unidas sólo por su emisor. Para mí, esos cuentos “surrealistas” que mencionas son mucho más tradicionales que los textos narrativos de “A cada rato el fin del mundo”: ellos responden en muchos casos a la estructura antes señalada (personaje-conflicto-etcétera) y se desarrollan con un principio y un final claros, por mucho que sucedan cosas extraordinarias. Los cuentos que mencionas están hechos de materiales diferentes: algunos son sueños copiados en forma casi literal, otros son seudo-alucinaciones. En algunos casos hay una sobre representación de la realidad, exagerada, maquillada hasta el punto de hacerla irreconocible, de volverla otra. A Mario Levrero lo tildaron de “realista introspectivo” porque “deformaba la realidad”, pero él decía que no se trataba realmente de una deformación, “sino más bien de subjetivismo… me hacés pensar en los zapatos que están en una vidriera y en los zapatos ‘deformados’ por el uso. ¿Le llamaría ‘deformados’ a los zapatos que usás? ¿Son más ‘reales’ los de la vidriera?”, decía él. De acuerdo a esto, los textos que mencionas son realistas, pero muestran las marcas del uso que la imaginación ha hecho de ellos. Ahora, la fuente de estos dos “tipos de textos” también los diferencia: unos nacen de lo que dispara una emoción, otros, de lo que dispara una idea. Unos son meditativos y los otros emocionales. Ahí puede haber una diferencia, quizás.

-Hay un tema que considero cruza tus relatos y que tiene que ver con la visión, la capacidad de ver, o proyectar, o imaginar -pero con tanto detalle como si se viera- mundos y planos narrativos. En “La vida incompleta”, el protagonista prácticamente se desdobla para observarse a sí mismo mientras vive la ausencia de su pareja; en “Sucre-La Paz”, el viajero, más que imagina, contempla escenarios posibles para el fin de un viaje infernal; en “Abismo de Juan”, el protagonista visualiza su muerte y literalmente panea sobre las escenas de su vida; y llega al extremo en “La mujer que no duerme” y su visión transparente. ¿Buscas construir una narración, o un narrador observante, más que interviniente? ¿Por qué crees que este sentido o perspectiva cobra tanta importancia en tu escritura?

-Es porque para mí la literatura ideal debe parecerse al cine. Y en cuanto a persona que ha trabajado con formatos audiovisuales, grabando, montando, etcétera, estoy consciente de la posibilidad de utilizar una pantalla de diversas formas. Para mí la pantalla es la imaginación del lector. Uno como escritor puede sugerir diferentes cortes, disoluciones, marcos, efectos visuales o sonoros, y luego es el lector/espectador quien los reproduce a su manera.

-Otro tema que cruza los relatos es el viaje, el desplazamiento. En “Cuatro pájaros”, tenemos un viajero en tránsito que se mueve entre recuerdos de aves simbólicas; en “Sucre-La Paz” hay un viaje real por Bolivia que detona un viaje imaginario; en “La vida incompleta” el viaje de B. a Francia delinea el viaje quieto de su pareja que queda en Santiago; en “La hoja en blanco”, Víctor realiza el más íntimo de los recorridos, un viaje por un departamento vacío donde antes estuvo su vida. ¿Qué representa el viaje como tema en tu literatura? ¿Y en tu personalidad como autor?

-Ana Pizarro lo dijo de manera perfecta: “Siempre hay una experiencia original del viaje. Siempre existe esa ruptura transformadora que nos escinde entre lo que fuimos antes y lo que somos después del viaje”. Me parece que un sinónimo de lo vivo es la transformación, la evolución. Nos interesa un personaje en cuanto se transforma, y nos interesa una experiencia en cuanto es capaz de transformarnos, de llevarnos a un estado diferente al anterior. Eso se manifiesta en cada cosa cotidiana, basta con pensar en cualquier experiencia y veremos que siempre nuestra motivación es pasar de un estado a otro, siempre mejor. Como mayor ejemplo una revolución. Me parece que en un texto estar presente esa transformación, e idealmente ser transformador de un lector. Quizás la insistencia sobre el tema de los desplazamientos sea para propiciar eso de alguna manera.

-“A cada rato el fin del mundo” es tu primer libro publicado de narrativa. Le anteceden tres de poesía. ¿Hay un tránsito de la poesía a la narrativa? ¿Abandono? ¿Tiempo fuera? ¿Cohabitación?

-Me gustaría responder esta pregunta con miles de páginas. ¿Hay un tránsito? Sí, lo hay. Pero no simplemente en cuanto a narrativa, porque si alguien lee mis tres publicaciones de poesía verá que, en cierto modo, también ahí hay narración. La diferencia entre lo narrado en un poema y lo narrado en un cuento o en una novela, pasa según mi parecer, por la manera de centrarse en un personaje. Mientras en la poesía nos basta un hablante que nos lleve de un lado a otro, de una imagen a otra, en la narrativa necesitamos un personaje conciso, un entorno para ese personaje, una realidad diferente a la “realidad poética”. Si es cierto eso de que cada hombre vive una doble vida, cuando está despierto y cuando está durmiendo, quizás la vida del sueño sea el poema y la vida de la vigilia sea la novela. Más que un tránsito, para mí fue la constancia de esa dualidad o diferencia lo que me ayudó a construirme como ente narrador y ente poeta, o una mezcla de ambos.

LA OLA EDITORIAL

con esta dejo loco al Eric-Debe ser agobiante que te pregunten en cada entrevista sobre “el fenómeno de las editoriales independientes en Chile”. Pero es inevitable, supongo. Al respecto, te propongo dos reflexiones: 1) ¿en qué parte de la ola estamos? 2) si hubieses tenido la posibilidad de publicar tu libro en una editorial grande, ¿lo hubieses hecho o hubieses optado por un sello independiente?

-Sí, es agobiante, pero qué se le va a hacer. Para el punto 1), creo que estamos en la base de la ola, y que esa ola se va a levantar en cualquier momento, va a golpear y va a cambiar la fisonomía del mercado editorial. Al menos en Chile el número de proyectos editoriales está en aumento, lo que siempre, en todo caso, ayuda a aumentar la porción de mercado, ergo, los lectores. Los movimientos sociales están directamente enlazados con esto. Chile está en un momento muy importante de su historia, y en cualquier momento hasta es posible que nos convirtamos en un país de verdad. 2) Dada mi participación en el mundo de las editoriales independientes, y considerando todo el esfuerzo que hemos hecho los editores chicos para sacar adelante nuestros proyectos, me parecía incoherente pensar y buscar publicar mi primer libro con una “grande”.

ENTRE LÍNEAS

-¿Qué lees ahora?

-Estoy a full con la literatura mexicana. Acabo de terminar con Arreola, y ahora me voy a Campobello.

-¿Relees a algunos escritores u obras? ¿Cuáles?

-Sí, releo, siempre. Lo último que releí fue a Borges. Tengo ganas de releer a Kafka, a otros elementales. A veces me parece más valioso releer a los clásicos que leer tanta cosa rara que sale de vez en cuando.

-Lees, escribes, editas, publicas, estudias… ¿Qué otros intereses tienes, aparte de la literatura? ¿Qué disfrutas hacer cuando tienes tiempo libre? 

-Durante mi trabajo leo las cosas que tengo que leer, escribo los informes que tengo que escribir, corrijo los textos que tengo que corregir. En mi tiempo libre leo los libros que quiero leer, escribo los textos que quiero escribir, o bien, los corrijo. Aunque lo que más le roba el tiempo a todo lo anterior es estar en familia.

-¿El trabajo de qué editoriales independientes destacas o te gusta personalmente? (chilenas y/o extranjeras)

-De Chile son varias, pero no voy a nombrar a ninguna en particular porque siempre hay una que otra que se queda en el tintero. De afuera hay muchas también, Mansalva y Eterna Cadencia, de Argentina, Mangos de Hacha de México, Alpha Decay y Blackie Books de Barcelona.

-¿Qué planes literarios tienes para este año?

-Como autor: terminar mi novela Maleza, ese es mi primer objetivo. Luego, arreglar, rellenar, corregir un libro de cuentos, el que hablaste al principio. Terminar una versión más o menos definitiva de mi poemario Herodes. Como estudiante: terminar mi tesis de magíster. Como editor: publicar unos libros que me encantan.

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Acerca de editorialemergencianarrativa

Editorial independiente dedicada a la publicación de narradores emergentes y contemporáneos.

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