“A cada rato el fin del mundo”

Por Rodrigo Pinto, publicado en Revista Sábado

“Toda obra de arte está incompleta y se termina con la mirada del espectador”, piensa uno de los protagonistas de los cuentos de Galo Ghigliotto, poeta y editor que decidió incursionar en la narrativa. Y esa parece ser la tónica de estos ocho cuentos –que el autor, en el subtítulo, denomina “narraciones crónicas”-; no se trata de finales abiertos (“si necesita desenlace, ya le digo: cualquier cosa sirve, incluso una pequeña manchita de tinta circular”), sino de una particular manera de involucrar al lector en las historias. Ghigliotto pasea por tópicos clásicos: el clasismo chileno, la inseguridad de las carreteras bolivianas, la discriminación hacia los egresados de universidades privadas, la fragilidad de la pareja, por citar algunos ejemplos, pero desde un ángulo siempre inesperado. Varios de los cuentos parecieran desplegarse en varias dimensiones; tan importante es la historia que se lee como las otras que se sugieren, los futuros posibles, las múltiples posibilidades que abre el azar y que el mismo azar se encarga de conducir. El libro es también singular por la calidad de la escritura. No hay excesos de lirismo, sino una contención en la escritura, un ritmo pausado, que, sin embargo, pone en tensión estas historias mínimas –o minimalistas-, paisajes personales, momentos de vida, tensión que despierta la curiosidad y motiva a la lectura. Parte de ello es la conciencia de la escritura. No en vano Ghigliotto es poeta; sabe que la palabra importa y sabe de dónde se alimenta la literatura que aspira a permanecer en el tiempo. “La vida es eso: escritura, trazo del que sólo se tiene claro que existe un comienzo y un final imprevisible”. Esa conexión entre escritura y vida no sólo se enuncia en varias partes del libro, sino que también se muestra como la arquitectura de las narraciones. El lazo es doble: vida y escritura, lectura y vida: “La vida es de quien lee, no de quien escribe”, pero la vida es escritura.

Es, pues, un libro para celebrar, un conjunto de narraciones muy bien ensambladas y maduras que el autor publica a sus 35 años. Saludable que haya tenido la paciencia necesaria para entregar ya no borradores o una promesa de futuro, sino un libro que merece absolutamente la lectura y que, pese a su brevedad, tiene una excepcional riqueza de contenido. Que lo publique una pequeña editorial porteña, es síntoma de la buena salud de la edición independiente en Chile.

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Acerca de editorialemergencianarrativa

Editorial independiente dedicada a la publicación de narradores emergentes y contemporáneos.

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