Facundo R. Soto: “Todo me excita, todo me motiva para escribir”

El narrador trasandino debuta en Chile con “Juego de chicos”, su novela sobre las relaciones al interior de un equipo de fútbol gay, que ya lleva dos ediciones en Argentina.  

Por Marcela Küpfer C.

Fotos: Julian Colombo

-¿Y qué te gusta hacer, Facundo?

-Estar al sol, leyendo, fumando, escribiendo, con amigos, mirando el río, el sol, la luna. Tomar limonada con jengibre. Hacerme una buena paja.

Cuando llega a su departamento en Parque Chacabuco,  Buenos Aires, Facundo R. Soto prende “la compu”, pone música y se pone a escribir. Y escribe mucho: actualiza su blog www.desprendimiento.blogspot.com; redacta entrevistas y notas periodísticas para el suplemente “Soy”, de Página 12, y para el portal Sentido G; y escribe poemas y cuentos y novelas. Como “Juego de chicos”, la novela sobre un equipo de fútbol gay que ya publicó en Argentina, en dos ediciones, y que ahora llega a Chile a través de la editorial Emergencia Narrativa.

“Todo, o casi todo, me excita. Todo, o casi todo, me motiva para escribir”, dice Facundo desde Buenos Aires, donde sus libros, que derrochan vitalidad, humor, libertad  y un profundo enamoramiento por la vida, le han convertido en una de las voces nuevas más interesantes de la narrativa trasandina contemporánea.

En “Juego de chicos”, Facundo R. Soto aborda un tema que le apasiona y que conoce de cerca: las relaciones y experiencia de un equipo de fútbol gay, donde los chicos, dentro y fuera de la cancha, ríen, lloran, se enamoran, tiran y sueñan sin restricciones.

-Facundo, ¿te gusta el fútbol? ¿Lo juegas, lo ves por la tele o vas al estadio?

-Me gusta jugar al fútbol. Me gusta transpirar la camiseta, correr hasta sentir que soy agua, hasta ver estrellitas y caer al suelo. Jugaba cuando era chico y tengo buenos recuerdos. Un día, después de jugar, guardamos una revista porno adentro de una lata y la enterramos debajo de un árbol. Cuando nos acercábamos al árbol mirábamos la tierra y ésa era la contraseña para sacar la revista y masturbarnos. Nos quedábamos hasta que salían las estrellas, mirando el cielo, las estrellas, charlando. Después apareció mi papá como un tótem, una figura que me exigía mucho y me inhibía. Entonces dejé de jugar, porque pretendía mucho de mí. Me volví secreto y tímido. Después, cuando empecé la facultad, me reconcilié con él y ahora es como un amigo, vamos a cenar, nos hablamos por teléfono, me va a ver cuando juego… Mirar partidos en la tele me calienta, por los cuerpos de los jugadores; ir al estadio también, pero no hago ninguna de las dos cosas con frecuencia. Tampoco soy de seguir a un equipo ni de hablar de fútbol. Jugué un par de años con Los Dogos. Viajamos a Chile para jugar un torneo que no se hizo, después a varios lugares, entre ellos a Estados Unidos, donde jugué el Mundial en Washington DC. Ahora juego con GAPEF, somos casi 100 chicos gays que nos juntamos en un club de barrio a jugar a la pelota y entrenar. Los sábados tenemos un campeonato, con camisetas, referis, entrega de trofeos en el club y todo. Se genera mucha expectativa. Va mucha gente a vernos. Alguna vez cayeron de un canal de televisión alemana, otra vez del diario La Nación para hacerme una nota por el libro “Juego de chicos”.

-Argentina no sólo marca hitos en el fútbol convencional, sino que también en el fútbol gay: ha sido sede y campeón del Mundial en esta categoría. ¿Hay un movimiento importante de equipos de fútbol gay en tu país? ¿Te inspiraste en alguno en particular para “Juego de chicos”?

Sí, cada vez hay más equipos gays en Argentina. En Buenos Aires están Los Dogos, SAF, GAPEP, Los de Av. Corrientes, más todos los equipos que se están formando… Lo interesante es que antes, con Los Dogos, entrenábamos en un lugar exclusivo para nosotros, los gays, enfrente de la AFA, en Ezeiza, y después en El Monumento Guemes. Ahora, con los GAPEF, entrenamos en un club de barrio, donde compartimos el vestuario con chicos que tienen novias. Muchos compañeros del equipo usan la pulsera del arco iris, o no se reprimen a la hora de conversar con nosotros sobre su nuevo novio o lo que sea relacionado con el tema gay, y nadie, nunca, dijo nada negativo. Al contrario, un día un chico, que no conocíamos, levantó el dedo a modo de ok porque mi amigo contaba que por primera vez le respondía el chico del que él estaba enamorado; el desconocido se nos acercó y le dio la mano, deseándole felicitaciones y los mejores deseos para que se le dé. También juegan héteros en nuestro equipo. Son geniales. Algunos son hermanos de jugadores gays y nos quieren como si nosotros fuésemos sus hermanos. Encontraron un lugar de respeto y diversidad donde se sienten más cómodos que en un equipo clásico, donde a veces se llena de violencia y prejuicios. “Juego de chicos” está totalmente inspirado en mis ex compañeros de Los Dogos, a full. ¡Son ellos! Pero, para que no los identifiquen, les puse números en vez de nombres…  

-Me llaman la atención las dosis de humor que atraviesan tus historias. En Chile la temática gay suele ser abordada con mucha más solemnidad. ¿Cómo alcanzas esa naturalidad, esa soltura para abordar el tema gay sin necesariamente pasar por el discurso?
Sí, es verdad. Amo a Chile y veo las diferencias, no soy tonto. Buenos Aires ya pasó por esa etapa de hacer las cosas a escondidas. Ahora estamos en una etapa de visibilidad importante y de aceptación masiva. Hay muchas adopciones, etcétera, que no son cuestionadas por mi abuela, sino que la aceptan como algo normal. La naturalidad en mi escritura creo que nace de mí, de mi forma de ser. Vivo mi sexualidad y lo que soy y no soy con absoluta espontaneidad. Yo, cuando escribo, estoy feliz. Me río. Me divierto. Me exprimo un jugo de naranjas. Contemplo el cielo, a los chicos lindos que veo en la cancha, charlo con amigos y creo que eso se refleja o proyecta en mis libros. Además, no me identifico con nada que me estigmatice, con un modelo de ser, ya sea escritor (sino andaría con barba y pipa), gay o periodista, o amigo o lo que fuese. Trato de andar lo más suelto y despojado posible. Me gusta sentirme libre, fresco. Charly decía: cuando el mundo tira para abajo, es mejor no estar atado a nada…

-¿Cómo abordas en erotismo en la literatura? En “Juego de chicos” el erotismo cruza todo el libro, pero yo aprecio varios acercamientos al tema, desde el enamoramiento romántico hasta la calentura propiamente tal.

Se da, naturalmente. Generalmente escribo con la pija dura. Pero ando así todo el día. Todo, o casi todo, me excita. Todo, o casi todo, me motiva para escribir. Creo que la vida es poesía. Ver a un hombre cambiando la rueda del auto es poesía. Ver a dos amigos caminando en la calle es poesía. Un hombre, desnudo, bañándose es poesía.

-Turquesa es un personaje entrañable dentro del libro y, sin proponérselo, es un gran catalizador de emociones, acciones y reflexiones. ¿Qué valor le das a Turquesa dentro de la vida de este equipo? ¿Consideras que abre el debate sobre los niveles de discriminación?

-Turquesa en el equipo no duró mucho. La veo, a veces, cuando va a vernos. Me gusta que no responde al estereotipo de travestis. Tiene cero glamour. Es una chica de campo, muy sufrida. Sí, abre el debate hacia la discriminación, sobre todo teniendo en cuenta que al principio era un grupo gay el que no aceptaba a una travesti, con el lema de machos gays.

¿Cómo formulaste el diseño de los personajes de este equipo? Hay un universo completo de personalidades distintas debajo de cada camiseta. ¿Te inspiraste en la vida real, en amigos, experiencias?

-Sí, me inspiré en mis compañeros de equipo y las historias, pinceladas, retocadas y con algunos cambios de colores, son ciertas, reales. Son perfiles, crónicas. Después viene la novela “Abrazo de gol”, donde, una vez presentados los personajes (en “Juego de chicos”), juegan, se abrazan, pelan y pasan cosas…  

-¿Qué valor le otorgas al diálogo dentro de la historia? Yo aprecio una dinámica narrativa que se sostiene fuertemente en la actitud dialogante de los personajes.

-Los diálogos me encantan, son frescos, directos, dicen cosas. Son geniales porque hablan los personajes por ellos mismos. Yo escuchaba las voces de ellos, y no es que sea sicótico, digo, llegué a un punto tal alto de conexión que soñaba con ellos, iba caminando y me venía a la cabeza algo que dijeron o hicieron. Los personajes del libro son mis amigos, y de cualquier que los lea.

-Tú ya publicaste “Juego de chicos” en Argentina, ¿cómo fue la recepción del libro allá? ¿Hubo alguna respuesta particular de parte de la comunidad gay?

Súper. Las reseñas de los diarios hablaron muy bien y entendieron de qué iba el libro. Mucha gente que lo leyó, quedó tocada, impresionada y me contactó por Facebook o por mail, suelen ir a mis lecturas. La comunidad gay me convocó en varias oportunidades, ya sea para formar parte del Gay Pride Festival, contribuyendo con lecturas, o para ser speaker en el Hotel Bauen, o para lecturas en librerías específicas como “Otras letras”. En la marcha del orgullo gay estuve con el editor de Conejos, el sello que sacó en Buenos Aires el libro, y su hijo. Me quedé duro al ver al compañero de fútbol que me había inspirado para escribir “Le salían gusanos por los dientes”. Me dio un abrazo fuerte y me dijo que lloró mucho con el libro. Esas cosas son las que me alegran el día. Me contactó un catedrático de Estados Unidos para pedirme mi aprobación, está haciendo un libro de estudio sobre mi obra. En Argentina el libro se agotó y volvimos a editarlo. Ahora acaba de salir otro, se llama “Plastilina”. Son cuentos cortos y todos están atravesados por las relaciones libres, la mayoría gays.

-Entiendo que estás trabajando en nuevos proyectos literarios, ¿qué me puedes contar de ellos?

-Sí. Me encanta llegar a casa, prender la compu, poner música y escribir. Como te decía, muchas cosas me dan ganas de capturarlas, pintarlas y dejarlas en una pantalla o un papel, y que ellos me lleven hasta lugares increíbles. Me sorprendo cuando leo lo que escribo. Me doy cuenta de muchas cosas. Está bueno. Estoy haciendo un libro de entrevistas a escritores con temática queer, seguramente se va a llamar “Scaner”, y las que hice hasta ahora no tienen desperdicio. Son radiografías. Estoy muy contento con el material que sale. Esta noche entrevistaré a la escritora travesti Naty Mestrual. Ya tengo las de Osvaldo Bossi, Ioshua, Gabriela Cabezón Cámara y muchas más. Ahora estoy trabajando en una novela que probablemente se llame “Pulsión” y trata de un grupo de personas que hacen terapia de grupo para dejar la pija, porque son adictos al sexo. Son muy graciosas las historias, en Buenos Aires hay grupos de autoayuda para dejar la adicción al sexo. Es medio irónico, pero también tiene un alto contenido sicológico, porque es de verdad, como mis personajes.

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Acerca de editorialemergencianarrativa

Editorial independiente dedicada a la publicación de narradores emergentes y contemporáneos.

  1. carmen biazzo

    me encanto este libro ,atrapante,emotivo,informativo….excelente la descriptiva narrativa

  2. carmen biazzo

    la sensibilidad del autor es maravillosa a la cual se suma sus conocimientos psicologicos

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